Podría decir cuántas briznas de hierba me sostienen la espalda. Cabeza al cielo, ojos a las nubes, brisa a la camiseta, sigo con la mirada el camino interminable del algodón hecho sueños. Soy yo proyectado en cámaras sin tela.
Recuerdo cada instante que deseo vivir, y sólo necesito ponerle el nombre de mi futuro. Soy tan rabiosamente joven, puedo saltar murallas y ríos, vadear desiertos y desesperanzas. No conozco la enfermedad, sé lo que significa el amor por las señales que los cuerpos me lanzan, a llamaradas, desde la frontera opuesta de los labios.
Y miro y miro y miro, y sólo hay azul y blanco en el cielo, una enorme bandera de tiempo sin gastar.
No hay pestañas que parpadeen información, no cabe en el horizonte más comunicación que mi anhelo. Soy la piel de la vida, nada me ata a silla alguna, no destellan las pantallas en mi iris.
Es 1986.

1 comentario:
Vaya, Urano es mi favorito desde luego, un buen pedazo de hielo rotado. Hipnótico.
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