Ni siquiera un parpadeo: en un vistazo que apenas dura unas centésimas de segundo, tienes a tu disposición el océano entero, los fértiles fondos del coral, las aguas poco profundas y las simas, los atolones, las anémonas, el kelp, el azul casi virgen y la fantasmagoría abial. A pulmón, sólo con unas gafas de bucear tan precarias como las que utilizabas de pequeño para buscar pulpos.
Nunca existió una búsqueda tan potente: tanto es así, que nuestro cerebro ya ha empezado a colaborar en estrechísima simbiosis con los algoritmos de su motor.
Un nuevo ecosistema.

1 comentario:
Me encanta, es fabulosa la imagen y la idea, completamente de acuerdo, funcionamos a pequeños impáctos, antes nuestro cerebro nos engañaba, ahora nosostros le engañamos y empieza a dar señales de una nueva y arrasadora patología.
Ah!
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