A cualquiera que estuviera en su sano juicio todo aquello le parecía, sin más, pura y dura ciencia ficción, a la altura de Star trek. Piratear... ¿qué, exactamente? Robar información... ¿pero qué información, si teníamos ordenadores XT y pantallas monocromo o, a lo sumo, CGA? En las pelis sucedían cosas directamente imposibles (casi tan inopinadas por aquel entonces como el argumento de los Juegos de guerra de Badham, a la sazón director de Fiebre del sábado noche), entre otras razones porque nadie tenía en el disco duro información más elaborada que la que sostenía el primer Symphony ni se podía jugar en plataforma alguna a nada más complejo que el Pong.
Y míranos ahora, siendo nuestras propias estrellitas, haciendo de cada adminículo digital un álbum de recuerdos en cuatro dimensiones y temiendo que, si valen algún dinero, alguien nos pueda robar las fotos en cueros.
O algo mucho peor.
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2 comentarios:
Lo que no tiene razón de ser es hacerse uno mismo fotos en cueros en el baño; y posar. ¿No? La gente es muy rara. ¿No?
Un álbum de recuerdos evaporados.
Vanidad.
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