Bajan a las alcantarillas y remueven todo tipo de excrementos, desde los que provienen de las tazas más lujosas hasta los que han descendido por los desagües de las letrinas menos elegantes. Y desde ahí lanzan las toneladas de heces que han recopilado, con un ventilador enorme, por toda la superficie del planeta.
Formulemos la pregunta sin adornos literarios: ¿eso está bien o está mal?
Por lo pronto, en mi pueblo es ilegal abonar con purines los campos de cultivo, pero no sé si vale aquí tal símil... ¿es beneficioso o abre más heridas de las que restaña?, ¿limpia o infecta?, ¿es agua o fuego para el fuego? Yo, que siempre me dediqué a lo exacto y, por ende, no estudié derecho ni política, no puedo ser juez en estos casos y me quedan demasiado lejos los cataclismos diplomáticos que esgrimen los gobiernos afectados frente a los poceros freelance: sólo sé que esta actividad es el mayor exponente del modo de obrar de la red. Información en bruto, sin procesar, tan fiel y directa que es, en demasiadas ocasiones, inmanejable.
En segundo grado, ¿la información nos hace libres?, ¿toneladas de documentos abstrusos que tardaríamos varias reencarnaciones en, simple y llanamente, leer? Puede, puede, pero al cabo algo no encaja en nuestros métodos modernos... y se trata de la metodología en sí misma. El perfume acre y estancado de tantas décadas y siglos debería haber sido suficiente para movilizar el mundo, y no lo ha sido.
Y el agua decantada, tan torrencial en los últimos tiempos, tampoco catalizará nada en particular ahora: si la gente (qué atrás queda la palabra pueblo) sale (que saldrá y con violencia creciente) en masa a la calle en los años que nos quedan, no será por haber leído nada de esto. El rumor siempre ha funcionado, por su carácter simplificado, abarcador y democrático, como el más potente agitador de conciencias. No hay revelación mesiánica que se le compare.
Formulemos la pregunta sin adornos literarios: ¿eso está bien o está mal?
Por lo pronto, en mi pueblo es ilegal abonar con purines los campos de cultivo, pero no sé si vale aquí tal símil... ¿es beneficioso o abre más heridas de las que restaña?, ¿limpia o infecta?, ¿es agua o fuego para el fuego? Yo, que siempre me dediqué a lo exacto y, por ende, no estudié derecho ni política, no puedo ser juez en estos casos y me quedan demasiado lejos los cataclismos diplomáticos que esgrimen los gobiernos afectados frente a los poceros freelance: sólo sé que esta actividad es el mayor exponente del modo de obrar de la red. Información en bruto, sin procesar, tan fiel y directa que es, en demasiadas ocasiones, inmanejable.
En segundo grado, ¿la información nos hace libres?, ¿toneladas de documentos abstrusos que tardaríamos varias reencarnaciones en, simple y llanamente, leer? Puede, puede, pero al cabo algo no encaja en nuestros métodos modernos... y se trata de la metodología en sí misma. El perfume acre y estancado de tantas décadas y siglos debería haber sido suficiente para movilizar el mundo, y no lo ha sido.
Y el agua decantada, tan torrencial en los últimos tiempos, tampoco catalizará nada en particular ahora: si la gente (qué atrás queda la palabra pueblo) sale (que saldrá y con violencia creciente) en masa a la calle en los años que nos quedan, no será por haber leído nada de esto. El rumor siempre ha funcionado, por su carácter simplificado, abarcador y democrático, como el más potente agitador de conciencias. No hay revelación mesiánica que se le compare.

1 comentario:
No, no nos hace libre, nos manipula y nos acorrala. Nos vuelve locos. Nos transforma en ¿¿
Y el rumor del rumor del rumor del rumor es, para el noventa por ciento del mundo, la única verdad.
Uf.
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