Para los que no nacimos en esta edad se ha transformado en una (dudosa) diversión parecida a la de hablar bajo el agua: en los chats y en los servicios de mensajería instantánea faltan, para nuestros hábitos de toda la vida, demasiadas marcas conversacionales; la pragmática ha saltado por los aires en favor del equívoco sexual, el enfado involuntario y la proliferación de emoticones de mayor o menor precisión supletoria. Y, sobre todo (como con toda justicia y legítima insistencia ha proclamado Roger Wolfe) ha reventado, en mil pedacitos y para siempre, la ironía.
Burbujitas y balbuceos, escuetos discursos entercortados. Juguetillos sin brazos ni cabeza.
Sin embargo, los que nacieron con los dos pies en este territorio se sienten cómodos con la telegrafía de su expresión: espero que esto no señale una profundidad sin remedio perdida de las aguas...

1 comentario:
Pues imagina a los que nacimos antes de antes. El repiqueteo de las máquinas de escribir como abejorros en las oficinas. Las cosas claras y el chocolate espeso.
Ahora lo único claro es la luz que desde la pantalla nos ilumina el rostro fantasmal.
Estupendo.
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