para Olga... ella sabe por qué
Qué tiernos los diablillos, cómo nos juguetean entre las piernas, cómo nos tiran de las mangas, nos ponen ligerísimas y cariñosas zancadillas y nos llaman con lengua de doble filo. Quién se resistiría a alimentar su pueril verborrea, si los hemos visto crecer desde hace meses; y quién les negaría el pan si, aunque son nuevos en la bitácora, se las ingenian a la perfección para reclamar como emperadorzuelos testarudos la atención de nuestra ira.
En un abrir y cerrar de ojos tenemos su boca vociferante a la altura de la oreja. Piel de gallina, corazón volcado al bies. Los aullidos aturden a cualquiera, están por encima de toda medición: nada se puede hacer ya, salvo cambiar de hábitos, poner barreras donde no las hubo nunca, tener el teclado atento a la moderación de comentarios... ejercer un oficio censor que nadie en su sano juicio elegiría por propia voluntad.
Míralos, qué majos, los trolls... pero bien lejos.

3 comentarios:
Ay, no es posible una blogosfera sin trolls como no lo es un mundo sin virus. En general, educan nuestro sistema inmune. Nos van haciendo fuertes. Pero es preferible mantenerlos lejos, sí, y vacunarse contra algunos.
Un beso.
Simpático!
Qué cabroncetes... o como se dijera...
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