domingo, 20 de noviembre de 2011

Caronte

Gastaron su (inagotable y gélido) dinero en otras cosas: colocaron a sus hijos en las mejores facultades, en equipos profesionales de fútbol, en los más distinguidos consejos de administración, en las más exclusivas firmas de auditoría. Gastaron su (obsceno y deslenguado) dinero en construirse palacios de mármol, en amueblar con ébano dormitorios y salones, en alicatar de oro los baños de sus advenedizas posaderas.

Pero jamás imaginaron que con esas mismas monedas, con esas mismas tarjetas de platino, estaban pagando el óbolo de la muerte televisada. Fue su misma riqueza, a manos de la (inagotable y gélida) chandala, la que los apaleó; fue su misma potencia la que los condujo al juicio público, a la burla asesina (obscena y deslenguada) de los desheredados.

Llegarán otros, pondremos a otros.

Nos sentamos frente a la pantalla con la superioridad de quien se cree, sencillamente, mejor.








1 comentario:

Amparo dijo...

Lo que te alimenta, te mata.

Sensación terrible de persecución y espionaje, es lo que tengo. COmo si desde todos los puntos hubiera gente con telescopio.
Uf!

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Soy ingente. Podríamos decir que el puto amo. Si me vieras algún día por la tele, o en la calle, me reconocerías al instante. Mi visión no deja a nadie indiferente. Impacto, te lo digo yo, que de esto sé un rato largo y grande. Y, sobre todo, me gusta comentar blogs, casi tanto como fo...

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