Gastaron su (inagotable y gélido) dinero en otras cosas: colocaron a sus hijos en las mejores facultades, en equipos profesionales de fútbol, en los más distinguidos consejos de administración, en las más exclusivas firmas de auditoría. Gastaron su (obsceno y deslenguado) dinero en construirse palacios de mármol, en amueblar con ébano dormitorios y salones, en alicatar de oro los baños de sus advenedizas posaderas.
Pero jamás imaginaron que con esas mismas monedas, con esas mismas tarjetas de platino, estaban pagando el óbolo de la muerte televisada. Fue su misma riqueza, a manos de la (inagotable y gélida) chandala, la que los apaleó; fue su misma potencia la que los condujo al juicio público, a la burla asesina (obscena y deslenguada) de los desheredados.
Llegarán otros, pondremos a otros.
Nos sentamos frente a la pantalla con la superioridad de quien se cree, sencillamente, mejor.

1 comentario:
Lo que te alimenta, te mata.
Sensación terrible de persecución y espionaje, es lo que tengo. COmo si desde todos los puntos hubiera gente con telescopio.
Uf!
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