domingo, 13 de noviembre de 2011

Big Bang (II)

Lo necesito, ¿pero no seré una carga? ¿Qué pensará de mí? ¿Dirá que siempre doy la lata? ¿Hablará de de esto con sus amigos? ¿Cómo le digo que no puedo encontrarme? Eso ya lo sabe, pero necesito decírselo de nuevo, necesito a alguien que lo escuche.

¿Ha leído mi mail? Seguro que se ha mosqueado. Ya no me habla. Siempre se me han dado mal los amigos. Se ha conectado y no me ha respondido. Sí se ha conectado, aparece como disponible. ¿Por qué habla con otros y a mí no me responde? ¿No se da cuenta de que lo mío es urgente? Quizás con ellos hable de mis rarezas. Seguro. Piensa que me falta un tornillo. O un hervor.

Voy a ponerle un correo. Seguro que ha leído el mío y no me quiere responder. Al menos podría ponerme una línea, aunque no fuera un párrafo muy largo, solo algo así como me preocupas, estoy contigo, ¿quieres algo? Sí, ya sé que tu vida es basura: aquí estaré siempre, yo te apoyo, puedes confiar, eres genial, cómo te quiero, sí, que te quiero mucho, no hay mejor compañía que la tuya, llámame siempre que quieras, cuando quieras, estoy esperando, no te preocupes, los demás se equivocan, claro que eres una buena persona.

O menos: insisto, con una simple línea bastaría. Tienes que estar bien, luego te escribo más, no te preocupes. Un beso.

Voy a llamar. Creo que no ha recibido el mensaje. Si lo hubiera hecho me estaría respondiendo ya mismo, o lo habría hecho. Pues tiene que ser eso, ¿qué si no? ¿Me odia? Pero si llamo... pero si llamo, pensará que soy una carga, una lata. Nunca se me dio bien tener amigos. No soy una buena persona.

Tengo ganas de decirle cuatro cosas: sí, un mail demoledor, que no se vaya de rositas. Me debe un respeto. No tengo a nadie más, estoy en sus manos, me lo debe, para eso está la amistad. Soy un desastre para los amigos. Es que me odian, sin más. Todos.

Voy a cerrar la sesión, voy a apagar el ordenador. No pienso levantarme a las tres de la mañana para ver si ha contestado.

Pero no me dormiré si no lo hago. No voy a desconectar el router. Podría poner el mensaje en cualquier momento.

Tengo que comprarme otro móvil. Ahí vería que me responden. Pero será una tentación: Lo necesito, ¿pero no seré una carga? ¿Qué pensará de mí? ¿Dirá que siempre doy la lata? ¿Hablará de esto con sus amigos? ¿Cómo le digo que no puedo encontrarme? Eso ya lo sabe, pero necesito decírselo de nuevo, necesito a alguien que lo escuche.

Cinco minutos más y apago. Hasta menos cuarto y cierro el chat.

O hasta las dos: que mañana es domingo y yo soy una mierda.

2 comentarios:

Amparo dijo...

Demoledor.
Fiel soledad, dependencia, desorden del tiempo y del sueño.
Muy logrado.

Anónimo dijo...

No me gusta nada esta entrada, señor Carlos. Me parece que tiene usted un concepto equivocado de la amistad. Da un poco de miedo, de verdad. Y poca empatía, ¿qué sabe usted del estado de su pobre amigo? En todo el correo no se pregunta qué le pasará... no se pregunta por su tiempo, sus agobios o sus problemas. Eso no es amistad, es otra cosa, muy egoista.

Datos personales

Mi foto
Soy ingente. Podríamos decir que el puto amo. Si me vieras algún día por la tele, o en la calle, me reconocerías al instante. Mi visión no deja a nadie indiferente. Impacto, te lo digo yo, que de esto sé un rato largo y grande. Y, sobre todo, me gusta comentar blogs, casi tanto como fo...

Invitado5