martes, 20 de marzo de 2012

# 4

Me siento (como tú tarde o temprano, si no ya mismo) como si alguien me hubiera escamoteado lo que me correspondía por pleno derecho. ¿Cuál fue la promesa? Debí de oír mal, nunca he sido un gran lector: pequé de lerdo al interpretar los (enrevesados, abstrusísimos) términos del contrato.

Para colmo, como me queda un poco de decencia en los bolsillos, miro a mi alrededor y concluyo que yo soy mucho más que un cómplice necesario. Culpable me declaro de creer en algo o alguien, culpable de salir a comerme la tarta a dentelladas sin reparar en el olor putrefacto de la crema.

Las cuentas, al maestro armero.



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Soy ingente. Podríamos decir que el puto amo. Si me vieras algún día por la tele, o en la calle, me reconocerías al instante. Mi visión no deja a nadie indiferente. Impacto, te lo digo yo, que de esto sé un rato largo y grande. Y, sobre todo, me gusta comentar blogs, casi tanto como fo...

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