Cara A
Al otro lado hay alguien que busca (como tú, aunque también se haya maquillado de persona digital para borrar, hasta el mínimo detalle, sus defectos de las fotografías y las fichas personales) el amor. El amor, sea lo que sea eso a una edad u otra; el amor, o lo más parecido que se pueda encontrar, entre teclados, a un antídoto para la soledad crónica.
Buscas buscar a otro (y hay cientos de páginas de contactos, serias y decentes, llenas de una infinidad de perfiles atractivos: señoras intachables, interesantes viudas jóvenes, dinámicas divorciadas, solteras cultas y emprendedoras), por el mero hecho de no ser sólo uno solo, por una irresistible inercia de felicidad preconcebida, como en las boîtes demodés de las ciudades eternamente avejentadas.
Como si tu vida fuera la hipálage de un impostor demasiado genuino.
Cara B
Las cosas quedaron bien claritas. Ni siquiera se trató de una ruptura: cada uno por su camino y ya está, para qué seguir dandóle vueltas, por qué ser egoísta o demasiado generoso. Rompisteis las entradas de cine, quemasteis los dibujos y los poemas regalados, arrinconasteis los álbumes de fotos, condenasteis la memoria del otro en el furor del momento. Libertad incendiaria, como si no existiera otra.
Y sin embargo ahora te arrastras por las redes sociales, cotilleas su perfil, te sorprende encontrarle en las pupilas una mirada llena de pasión que ya no te dedica a ti, sino al fotógrafo (al que, de paso, deseas imaginarte muy feote y cretino). Quieres que sepa de ti por terceros, vuelves a recorrer sus letras, cada palmo de tierra electrónica que han pisado sus pies desde que te dejó o la dejaste.
Has dado con páginas que la localizan en tiempo real, calle a calle, número a número, día a día. Y eso que no quieres ni verla... Te queda el consuelo de imaginarla haciendo lo mismo, tan humillada y sola como tú, porque desde hace unas semanas, no hay fotógrafo. Al menos, el dolor que le supones te alivia un poco la vergüenza.
Al otro lado hay alguien que busca (como tú, aunque también se haya maquillado de persona digital para borrar, hasta el mínimo detalle, sus defectos de las fotografías y las fichas personales) el amor. El amor, sea lo que sea eso a una edad u otra; el amor, o lo más parecido que se pueda encontrar, entre teclados, a un antídoto para la soledad crónica.
Buscas buscar a otro (y hay cientos de páginas de contactos, serias y decentes, llenas de una infinidad de perfiles atractivos: señoras intachables, interesantes viudas jóvenes, dinámicas divorciadas, solteras cultas y emprendedoras), por el mero hecho de no ser sólo uno solo, por una irresistible inercia de felicidad preconcebida, como en las boîtes demodés de las ciudades eternamente avejentadas.
Como si tu vida fuera la hipálage de un impostor demasiado genuino.
Cara B
Las cosas quedaron bien claritas. Ni siquiera se trató de una ruptura: cada uno por su camino y ya está, para qué seguir dandóle vueltas, por qué ser egoísta o demasiado generoso. Rompisteis las entradas de cine, quemasteis los dibujos y los poemas regalados, arrinconasteis los álbumes de fotos, condenasteis la memoria del otro en el furor del momento. Libertad incendiaria, como si no existiera otra.
Y sin embargo ahora te arrastras por las redes sociales, cotilleas su perfil, te sorprende encontrarle en las pupilas una mirada llena de pasión que ya no te dedica a ti, sino al fotógrafo (al que, de paso, deseas imaginarte muy feote y cretino). Quieres que sepa de ti por terceros, vuelves a recorrer sus letras, cada palmo de tierra electrónica que han pisado sus pies desde que te dejó o la dejaste.
Has dado con páginas que la localizan en tiempo real, calle a calle, número a número, día a día. Y eso que no quieres ni verla... Te queda el consuelo de imaginarla haciendo lo mismo, tan humillada y sola como tú, porque desde hace unas semanas, no hay fotógrafo. Al menos, el dolor que le supones te alivia un poco la vergüenza.

5 comentarios:
Mira Gran, me dan escalofríos con esta entradita tuya. Nuevos trastornos psicológicos: el paranoico digital, el narcisista en red.
Tremenda época.
ah, y muy bien lo de cara A y cara B
gRaCiAs: eSo dE HAcEr lAs CosAs MUy BiEn eS ProPiO dE Mí.
que es la misma moneda
O el mismo disco
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