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Un buen amigo (yo no, ¡por supuesto!, yo no hago tales cosas) tiene la costumbre de buscarse periódicamente en la red. Cierto día, harto de las rutinarias referencias a blogs y noticias literarias que solía encontrar en sus indagaciones por las avenidas Bing y Google, decidió investigar qué suerte habían seguido sus libros en el mercado del libro de segunda mano.
Un buen amigo (yo no, ¡por supuesto!, yo no hago tales cosas) tiene la costumbre de buscarse periódicamente en la red. Cierto día, harto de las rutinarias referencias a blogs y noticias literarias que solía encontrar en sus indagaciones por las avenidas Bing y Google, decidió investigar qué suerte habían seguido sus libros en el mercado del libro de segunda mano.
Dado que es poco conocido, ninguno de los ejemplares con los que topó en un primer momento se había revalorizado; pero en la última pesquisa dio con uno que costaba cuatro veces más de lo habitual: incluía, según la descripción de la librería, una dedicatoria con posible poema del autor.
No supo qué pensar, no supo si debía o no enfadarse y, sobre todo, no supo quién había sido el propietario original, por mucho que lo persiguió en otros motores y bases de datos de Internet.
Tampoco quiso ir en persona a la librería.

1 comentario:
TENTACIONES.
Tú no, por supuesto; él, tampoco.
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