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Aunque parezca mentira, no sólo existen en la red millones de páginas para descargar fondos de escritorio de mujeres despampanantes, bomberos y cantantes de silicona, sino que también, con una mínima y sencillísima búsqueda, puedes descargar en tu ordenador imágenes de matanzas, fotografías de torturas, vídeos de genocidas y salvapantallas de asesinos en serie.
¿Quién quiere ver eso?, ¿por qué y para qué? Pero, más allá, ¿tenemos derecho a denunciarlo, a censurarlo o a criticarlo como yo estoy haciendo aquí y ahora? ¿Eres tú uno de los consumidores?, ¿estás tú descendiendo a los círculos de la violencia morbosa, antecámara tras antecámara? Y si es así, ¿cómo soportas tanto infierno, tanta carne humana mancillada? ¿Quién eres en realidad? ¿Hasta dónde lo eres? Mírate y si no me respondes a mí, al menos confiésatelo en voz baja. Quizás.
Y que conste (¡no hace falta que me acuses, lo reconozco!) que yo soy de los que borran siempre, antes de desconectarse, el historial de exploración. ¿En qué ojos reside la moral?
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2 comentarios:
la moral, qué material tan delicado y qué propensos somos a tergiversarlo.
Creo que lo que dices vale para el mundo exterior también, no solo para Internet, que también.
Tan lejos que está dentro, ahí mismo, creo yo.
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