domingo, 9 de mayo de 2010

Venus (I)

Un brillante amigo, experto y pionero en e-learning, me asegura que el conocimiento wiki, gracias a la colectividad recursiva de su miriada de componentes, empieza a parecerse mucho a un cerebro: cada usuario, una neurona; la Red, el espacio casi ilimitado de la corteza. También le gusta utilizar la metáfora del hormiguero, y yo a veces bromeo con él y le aseguro que bien se guardan en el mundillo, por obvias razones icónicas (aunque el dédalo de las galerías no es en absoluto más igualitario que el de las melosas celdillas de un panal), de emplear un símil basado en las abejas.
Supongo que si esa permanente información polifónica y unísona resuena al mismo tiempo en cada rincón del planeta, los usuarios de las cámaras-peep show participan de un masivo orgasmo universal, de un clímax compartido que los convierte en espermatozoides de un desmesurado pene cósmico. Y no me refiero tanto a los solitarios que contratan (vía pago por tarjeta, sms, PayPal o tradicional línea de un euro el minuto) a una bailarina exclusiva para sus ojos, sino más bien a los que visitan las páginas como Cam*** en que otros (supuestos aficionados, casi siempre mujeres y parejas) se desnudan gratis, sólo a cambio, hay que creer, de las palabras del público de un foro que los jalea e insulta.
Son cientos, a veces miles (he llegado a contar tres mil para una sola webcamer) los que les sugieren barbaridades y fetichismos tópicos o rebuscados, mientras las contestaciones del otro lado de la pantalla son desde lo más indiferente y parco hasta lo airado, pasando por la mera propuesta de prostitución.
Siempre hay varios espectadores que hacen piña para quejarse de la apatía de las chicas, de la falta de ciertos contenidos explícitos (aunque no sean raras ni la lluvia dorada ni la émesis ni la defecación) y, sobre todo, de que la emisión no es tal, sino un vídeo en formato de bucle. Me soprende mucho este grupito: ¿qué más les dará que la acción sea o no en directo? Presumo que si se lo preguntara, me responderían, ofendidos, que para eso ya tienen millones de vídeos en páginas que no les dan gato por liebre. Pero esa respuesta no llega, como les sucede a ellos con cosas de índole muy diferente, a satisfacerme: ¿cuánta necesidad de falsa cercanía hay en el impulso de conectarse y usar ese lenguaje soez y barriobajero?
Todos se van corriendo, minuto a minuto. Lo anuncian a bombo y platillo, en ocasiones ofreciendo su propia retransmisión paralela, o fotos del magno evento. Y en la cama de su habitación una cuarentona entrada en carnes o una chavalilla tatuada, de veintipocos, se contonea bragas abajo, de rodillas o espaldas, con suerte ligeramente excitada por el morbo del anonimato o de un poder fugaz, recién adquirido y difícilmente canjeable en el mundo real.
Sola... o acompañada por alguien que nunca da la cara.

3 comentarios:

Amparo dijo...

Me ha gustado Venus, ya veo, ya veo por dónde vamos avanzando.
No me esperaba este elaboradísimo discurso, la verdad, después de aquel aperitivo. Una estupenda sorpresa. Gran: eres un tipo muy refinado escribiendo.

Carika, que diga, Carola dijo...

Ah, tanto para esto, ¿no iba a ser ración doble? ¿A qué llamas tú doble, Carlos? ¿A qué llamas ración?

grande dijo...

Le lLamo raCión dObLe a quE d3ntr0 d3 uN raTo hAbrÁ OtrA
cRóNiCa gRand3

;D

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Soy ingente. Podríamos decir que el puto amo. Si me vieras algún día por la tele, o en la calle, me reconocerías al instante. Mi visión no deja a nadie indiferente. Impacto, te lo digo yo, que de esto sé un rato largo y grande. Y, sobre todo, me gusta comentar blogs, casi tanto como fo...

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