domingo, 23 de mayo de 2010

Deimos

Lo presentí la primera vez que me topé con la red, allá por 1999: no sólo anularía la ciencia ficción al hacer de cualquier planteamiento ucrónico una infantil caja de galletas, sino que, además, sería el caldo de cultivo de un nuevo ambiente gótico, de un siglo XIX remodelado a golpe de remache digital. Las cúpulas de las estaciones victorianas, arquitectura de elementos emergentes; las enaguas y puntillas, complementos imprescindibles de una indumentaria cada vez más industrial y oscurecida. La arqueología de nuestros tatarabuelos, en círculo con la rabiosa tecnificación.
Lo pop amable y sesentero se queda corto entre pantalla y pantalla: nadie vive en una simbiosis tan perfecta con Internet como los EMOs, Visual y Neogóticos (en su vertiente pin up, sobre todo). Para ellos el hábitat es idóneo, en niguna parte respiran con mayor amplitud, de ninguna manera podrían sus branquias captar en la realidad tanto oxígeno como en la pecera interminable de los teclados. Son libres, como nunca; anuncian las tendencias como sólo hasta ahora lo habían hecho las mayores estrellas de la canción en sus vídeos. El punto de inflexión lo marcaron, sin duda, el primerísimo Marilyn, Prodigy, Trent Reznor y el Come to daddy de Aphex Twin.
El altporn abanderará desde ahora, así pues, cada paso adelante, incluso cuando los últimos de la cadena sean quinceañeros. Suicide Girls ha desbancado la imagen Playboy de la mujer: ahora no se concibe el desnudo en red sin tatuajes. Y la reina, la auténtica Betty Page del momento, es Apnea: corsés, plataformas, máscaras (de la Primera Guerra Mundial, venecianas), tinta, plumas, gloriosos juegos de peep-toe y bondage, látigos y pinzas. Cada vez que una veinteañera compra tacones en bota anudada en Zara, está pisando el mundo con las suelas de una actriz de nuevo burlesque; cada vez que suena Lady Gaga en la MTV, estamos viendo, como en una televisiva reminiscencia del Big-Bang, el último eco de interferencia de su cuero; cada vez que alguien abre Crepúsculo o Millenium en el metro, comienza a bucear en las historias reales, metaliterarias y gozosamente masoquistas de las heroínas BDSM.

3 comentarios:

Amparo dijo...

Ah, estoy tan líadaaaa!! Te leí ayer, pero sin tiempo para comentarte. Mi ignorancia es tremenda respecto a esa estética, pero lo dibujas tan bien que oigo los látigos.

samsa777 dijo...

Yo tampoco entiendo gran cosa. Vamos, nada de nada, Carlos. Me tocará consultar la WIkipedia...

Abrazos.

Estrellita dijo...

Qué tipo este, a saber por dónde se mueve.

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Soy ingente. Podríamos decir que el puto amo. Si me vieras algún día por la tele, o en la calle, me reconocerías al instante. Mi visión no deja a nadie indiferente. Impacto, te lo digo yo, que de esto sé un rato largo y grande. Y, sobre todo, me gusta comentar blogs, casi tanto como fo...

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