Toda la vida me he documentado sobre Chernobil, pero nunca con tanta intensidad como en el verano de 1986. Por aquel entonces, yo tenía seis años recién cumplidos y jugaba a decir de carrerilla, cronómetro en mano, los planetas del sistema solar a la mayor velocidad posible (algo parecido, por lo que vi después, a lo que hace la niña que salta a la comba en el Drowning by numbers de Peter Greenaway). Detenía el reloj en Plutón-Caronte (era un poco repelente y me pavoneaba de algo que quizás entonces ya ni siquiera existía), tomaba aire un par de segundos, y volvía a la carga: Mrcuio-Enus-Terra-Marte-Júpter-SaturnUrano-Neptuo-Plutón-Caronte... 2' 93".
Si alguien me preguntaba qué quería ser de mayor, yo respondía que astrofísico, sin parpadear. Luego llegarían los dinosaurios y la ingeniería aeronáutica, pero yo entonces era astrónomo y me sentía más cerca de la Filosofía, estrictamente hablando, de lo que he vuelto a verme jamás. Ese julio pasaba mis vacaciones en Toledo y nada me preocupaba tanto como verme bajo la nube tóxica que se aproximaba desde Ucrania y ya había hecho de las suyas en Bielorrusia y Baviera. Soñaba con trajes inverosímiles, con máscaras más propias de la Gran Guerra que de los ochenta, con mutaciones y muertes por pluviosos boquetes torácicos similares a los del Alien de Giger. Y lo más importante es que mi más furibunda época de los porqués me había vuelto a poner los pies sobre la Tierra, titubeantes y pegados a un suelo que se me antojaba más rojizamente (como me recordó Médem años más tarde frente al pelotón de fumigadores) letal que nunca. El combate crucial no tenía nada que ver con los X-Wing: ahora la batalla se libraba en la troposfera, aquí mismo, sobre el macetero lodoso de nuestras cabezas. Mi padre guardaba silencio, y yo lo interpretaba como un encubrimiento; mi madre decía cosas absurdas, y yo lo interpretaba como ignorancia interesada; mi tía me proponía jugar al ajedrez para distraerme, pero yo me veía la mano derecha derretida sobre el peón de dama.
Han pasado los años y he descubierto las fotos de GoogleTierra. A mí no me impresionan los monumentos humanos, ni las avionetas captadas en Arizona, en pleno vuelo, por el satélite; no me entretienen los supuestos desnudos en azoteas y terrazas, ni las indiscreciones de la versión callejero de programa. A mí me dejan sin habla, mudo y aterido, las instantáneas del Bosque Rojo, las polaroids desenfocadas de los turistas esnobs (a los que, por desgracia, envidio) que se retratan frente al Taj Mahal del inestable sarcófago; la noria sin giro de Pripiat, la vegetación inverosímil, las aulas arrasadas; los restos recientes de habitantes que se niegan a emigrar: chabolas, puestos de caza y pesca, rodadas de furgonetas, huertos de sospechosa feracidad.
Pienso, mientras subo y bajo a las ciudades, los ríos y las praderas, en los que bucearon en el tanque para evitar el desplome final, y pienso en los mineros que apuntalaron, en la última oportunidad, el ominoso fondo de la planta. Les bulló la piel, se derritieron en la fiebre más desértica, sin fotografías que retratasen su ascensión al Gólgota.
Y por mucho que me acerco, ahora adulto y desde el cielo, a esa región final de nuestra condición depredadora, sigo sin entender ni una palabra.

4 comentarios:
Es el mejor.
También me gusta, aunque el anterior esa estupendo. (Tierra, muy chulo) Es espeluznante la muerte tan cerca de la vida: esa gente que se niega a irse. Recuerdo las fotos de El País, las aulas vacías, tantas construcciones huecas, altísimas. Entenderlo es muy fácil, el error es creer que el hombre es incapaz de hacer estas cosas.
Veo que cumples, Car, lo que prometes!
Hasta el próximo domingo
HOLa, no está mal, qué escondido tenías el talento, nos querías embaucar con ese provocador comienzo para echarnos los perros a ver si alguno se daba la vuelta, pero los bonobos saben decir que no:
http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=43867&origen=notiweb
Bueno, venga con Marte.
http://www.abc.es/20100513/ciencia-tecnologia-espacio-sistema-solar/jupiter-pierde-banda-201005131239.html
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