Nadie se escapa de pensar en charco: desparramado, sin orden, esfera u órbita definida. Desde que somos nuestros propios secretarios a tiempo completo, buceamos el mundo (¡el cosmos entero!) en pestañeos líquidos, surcando (¡sin ver nada!) una superficie repleta de pecios carentes de valor. Imposible centrarse, imposible (¡imposible!) no chocar contra uno mismo en el turbio cristal de otra ventana.
Lodo de lo accesorio.
Tengo un aviso (¡disculpen, un momento!).
Pensamiento difuso... creo que de eso venía a hablar...

1 comentario:
Disperso,
que no termina de posarse en nada
así es, en efecto, el pensamiento,
la voluntad.
Uno siempre intenta echarle el lazo.
Qué magnífica imagen darse contra sí en el cristal de otra ventana.
Y
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