Me escupen en la boca aquellos que, mientras el suelo se derrota en un fracaso universal de polvo y olvido, predicen un apocalipsis para diciembre de 2012.
Me escupen y me pringan la campanilla con sus mocos y me queman el esófago con su ceguera los vomitivos inocentes que no han reparado nunca en las hambrunas y las epidemias más fácilmente evitables, los que no reconocen su propio pie en la bota que pisa tantos millones de cabezas.
Ahora es su cráneo el que se escacha y sólo saben descifrar el terror del crujido a la negrísima luz de la superstición.
Aguardad, allí nos vemos.
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1 comentario:
Toma!
Ahora tienen miedo esos cobardes. Ja. A todo el mundo le llega su diciembre.
Está el espacio últimamente muy alterado,no sé cómo resistimos.
Un Gran abrazo.
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